La noche iniciaba, era la primera vez que salia de viaje a Acapulco con mis amigas, sin los padres, tenia 17 años y era la mas joven de todas; el plan era ir a bailar y ver qué podíamos levantar. Acordamos que si nos separábamos y al llegar al cuarto veíamos colgado el letrero de "no molestar" significaba que alguna de nosotras estaba con alguien y tendríamos que esperar a que terminaran para entrara href="http://www.sexcinema.es/espanasexocam.html" title="sexcam sexo con webcam">Webcam porno Mi plan era encontrar un hombre atractivo de buen cuerpo con el cual pasar la noche, mi cuerpo lo necesitaba. Yo había terminado con mi novio hacía 4 meses y desde aquel entonces lo único que había hecho era masturbarme 2 o 3veces en las noches sola en mi cama. Pero esa noche me desquitaría, así que me vestí muy sexy, con una minifalda tipo escocés roja, una blusa negra semitransparente, sin brasier y la ropa interior blanca más pequeña que tenía con encaje. A la hora de decidir adónde ir a bailar nunca nos pusimos de acuerdo, por lo que nos separamos, yo fui a una que tenia un ventanal enorme por el cual se veía la bahía de Acapulco de noche. Al inicio de la velada me sacaron a bailar un par de tipos sin platica, aburridos y bastante feos. Rápidamente les dije que estaba cansada para que me llevaran a la mesa, mientras transcurría la noche decidí que no bailaría con otro hombre feo por lo que me quede sentada un buen rato. Como a la hora de estar sentada, casi me estaba durmiendo y ya pasaba por mi mente el hecho de terminar la noche sola y masturbándome de neuvo en el baño del cuarto o hasta en el del lobby del hotel porque de pronto la habitación estaría ocupada por alguna de mis amigas. El solo pensar que alguna de ellas estaría con un hombre musculoso y con un gran miembro teniendo una noche increíble, me comenzó a excitar; de pronto una voz me despertó: "quieres bailar?", era una rubia de ojos azules, muy buen cuerpo, grandes senos, caderas redondas y unas piernas grandiosas en un minivestido blanco muy pegado a su cuerpo, lo que la hacía ver espectacular. Al principio me desconcerté tanto que no pude contestar nada. "Perdona, te veo aburrida. quieres bailar?" ... Durante unos cuantos segundos lo pensé pero llegué a la conclusión de que era una buena idea. Los tipos del sitio me verían y ya no tendría que estar a la defensiva, además me quitaría de encima el estar pensando en mis amigas. "Sí, claro, por qué no?", dije. Bailamos durante un buen rato, ella era una gran bailarina y en algunas piezas de música dance bailamos increíble, ningún hombre me había llevado tan bien en un baile, asimismo ella me hacía comentarios de las personas que bailaban a nuestro alrededor que me hacían reir mucho. Claro que para hacerlo se me pegaba mucho para decírmelos al oído, al principio no le puse importancia pero poco a poco el roce de sus senos me comenzó a excitar lo cual me espantó un poco. Cómo era posible que me estuviara excitando una mujer?... Sin embargo, después llegué a la conclusión de que era una mujer muy linda y que me diviertía mucho, entonces fuí dejando que cada vez se acercara más y opté por disfrutar el momento sin ningún prejuicio, al fin de la cabo yo acepté bailar con ella y podía irme cuando quisiera. Al rato, cuando la música se puso romántica y el lugar se oscureció, mi intención fue la de caminar hacia la mesa; pero ella me tomó de la cintura con una mano y con la otra cogió mi mano jalándome hacia ella suavemente. Mi única reacción fue poner mi mano en su hombro y a su lado, empezó a moverse con el ritmo de la música y sin pensarlo más yo la seguí en el baile. La balada fue juntándonos más, acercó mi mano a su pecho y yo me pegué más a ella; la punta de sus senos tocaban mi pecho y sus piernas rozaban las mías. En una reacción que todavía no entiendo por qué la hice, me acerqué para recargarme en su hombro, nuestros cuerpos se rozaban tanto que casi no podíamos movernos y era tan excitante que comencé a sentirme húmeda entre mis piernas. Al poco tiempo, ella me sugirió que fuéramos a retocarnos el maquillaje al baño y tras pasar por su cartera y la mía, nos dirijimos al baño. Cuando entramos habían 5 niñas más, para vernos al espejo ella tuvo que pararse detrás mio y como era un poco más alta, no tenía ningún problema. Al fin quedamos solas en el baño, ella seguía atrás de mi, yo estaba empeñada en corregirme el delineador cuando comencé a sentir su cuerpo rozar el mio por la espalda, su mano empezó a acariciar mis piernas muy suavemente; yo quedé inmóvil, no sabía qué hacer, ella se acercó más por la parte de atrás, yo podía sentir sus senos tocar mi espalda. Con su otra mano acariciaba mis pequeños senos y mis pezones comenzaron a endurecerse, el asunto me excitaba mucho, la mano que tocaba mis piernas la comenzó a subir hasta meterla debajo de mi falda y aprovechando que mis calzones eran muy pequeños, pudo meterla entre mis piernas y acariciarme el clitoris. Quise voltearme y reclamarle, pero lo único que salió de mi boca fue un gemido por la forma en que tocaba mis senos y la entrepierna y antes de que pudiera pronunciar alguna palabra sus labios besaron los mios, fue un pequeño toque, su lengua acarició la boca y antes de que pudiera ser más profundo el beso alcanzamos a oír que alguien entraba al baño. De modo veloz, sacó su mano de debajo de mi falda. "Vámonos a seguir bailando", me dijo con la intención de que las que entraban la oyeran. "Claro, un segundo guardo mis cosas". Metí todo en mi cartera, muy despacio porque estaba tan excitada que no podía ni caminar. Cuando me tranquilicé un poco, caminé hacia la puerta, ella me tomó del brazo y se acercó a mi oído: "Si quieres nos vamos a algún lugar donde podamos estar a solas" me dijo con cara de niña traviesa. Yo estaba tan excitada que seguramente con sólo rozarme un poco más, podía venirme. "Sí, vamos a donde quieras". Ella me dijo, "te parece bien mi cuarto de hotel?". "Claro, déjame pagar la cuenta y nos vamos". Fuímos a nuestras mesas, yo a pagar la cuenta y ella a avisarle a las amigas con las que venía que se iba. Por unos segundos pensé que estaba loca... Cómo pensaba en irme con una mujer a su cuarto para estar a solas? Pero estaba tan caliente y las otras opciones eran hacérmelo sola o buscar a cualquier hombre para que me complaciera y en ese momento ambas me parecieron espantosas. Pagué rápido y me fuí a la puerta donde ella ya estaba lista con un taxi. No tardamos mucho en llegar al hotel, al entrar al cuarto me sentí un poco asustada pero ella era muy amable conmigo, "ven, siéntate en la cama. Sí? No te preocupes que te voy a tratar como una reina". Se acercó a mi y me dio un beso suave, seguido por otros más profundos mientras que me desabrochaba mi blusa para acariciar mis senos, como veía que yo no me movía ella se quitó el vestido y me acostó en la cama antes de que me diera cuenta estaba sin ropa , besaba todo mi cuerpo; mis pezones estaban durísimos. Fue abriéndome las piernas, yo cerré mis ojos para sentir todas sus caricias, me besó el cuello, el busto, y al llegar a mi clitoris estaba yo a punto de tener un orgasmo. Su lengua acariciaba mi clitoris y luego comenzó a jugar con mi ano, nunca nadie me había tocado por allí, porque pensaba que era horrible pero en realidad era excitante. Antes de poder pensar en otra cosa, el climax fue tanto que tuve un orgasmo; ella levantó su cabeza para sonreirme, "bien mi vida, bien, gózalo", me dijo mientras yo gemía de placer. Cuando me tranquilicé un poco, ella se acostó con las piernas abiertas junto a mi por lo que supuse que lo que quería era besara su clitoris, asi que puse mi cabeza entre sus piernas y la acaricié con mi lengua; primero pensé que me daría mucho asco, pero cuando comenzó a quejarse y a humedecerse me gustó tanto que la hice venirse tan rico que me dio un poco de envidia ya que yo seguía muy excitada. Con una de sus manos me cogió de la cabeza para que no pudiera separar mi boca de su clitoris, con la otra abrió el cajón de su mesa de noche y sacó un consolador muy grande. "Mira lo que tengo para ti, estoy segura que te va a gustar, ven acuéstate aquí y abre tus piernas". Cuando tomé mi posición, ella lo fue metiendo a mi vagina, era increíble, era del grosor exacto y me lo metí hasta adentro; me sentía toda llena de aquello, cuando lo ví bien yo tenía metida la mitad y quedaba otra para ella. "Es para las dos al mismo tiempo". Se puso al frente mio y comenzó a metérselo hasta que su cuca tocó la mía, yo no podía emitir ni media palabra, lo único que hacía era quejarme meserme para que se moviera el consolador dentro de mi. El roce de su cuca con la mía era tan fuerte que las dos logramos venirnos en un gran orgasmo que nos dejo tendidas en la cama un buen rato. Cuando me pude recuperar, me saqué el consolador y me vestí. "Me tengo que ir, mis amigas se pueden preocupar por mi", le dije. "Bueno, te puedo ver otro día?". "Claro que sí". Se paró desnuda y me dio un beso en la boca. "te gusto?", me preguntó. "Sí, muchísimo, bye". Correspondí a su beso y salí del cuarto. Cuando estaba sola en el pasillo me sentía culpable por haber hecho el amor con una mujer, me preguntaba si eso significada que yo era lesbiana, la sola idea me asustaba, pues a mi siempre me habian gustado los hombres; pero por otro lado me había gustado mucho lo que había hecho. Mientras esperaba el ascensor, llegaron dos tipos, de esos que ayudaban con las maletas en el hotel, pero bien parecidos. Creí que sería una buena prueba para resolver mis dudas el tener algo con ellos, podía sentir sus miradas sobre mi cuerpo, lo cual me excitaba. Cuando paró el ascensor, me dejaron pasar primero dandome una pequeña nalgada, yo solo les sonreí y volví a entrar y uno de ellos me comenzó a acariciar por detrás las nalgas; yo no decía nada, únicamente estiré mi mano a su pene para darle una pequeña caricia. Los tres sonreímos. Uno detuvo el ascensor en otro piso, el que me estaba acariciando me agarró de la mano y me sacó; los tres nos dirigimos a un pequeño cuarto donde guardaban las toallas y las cosas de limpieza. Entramos rápidamente y mientras uno de ellos cerró la puerta, el otro metió las manos debajo de mi falda para quitarme los calzones y acariciar mi vagina. Se dio cuenta que yo estaba muy mojada, entonces me tomó por la cadera, me dio la vuelta y me agachó para metérmelo por detrás. Su verga era muy gruesa y larga, yo creo que de no haber sido por que estaba tan húmeda me hubiera lastimado pero en lugar de eso sentí riquísimo, me llenaba toda. El otro tipo se paró enfrente mio sin saber qué hacer, entonces lo jalé hacia mi, le desabroché el pantalón se lo saque y me lo metí en la boca. Su pene se fue poniendo más duro dentro de mi boca, mientras que por detrás su amigo me cogía cada vez más duro. Yo me sentía medio mala por hacer eso pero era tan rico. Al rato, los golpes de su cadera contra mis nalgas fueron tan rápidos y duros que me dio a entender que se iba a venir, por lo que les dije que cambiaran de posición. Sin decir nada se cambiaron de lugar y tan pronto me los metieron yo comencé a mamárselo muy fuerte hasta que se vino dentro de mi boca, su leche era caliente. Al mismo tiempo, el que me lo metía por detrás me dio mas duro y comenzó a venirse,primero dentro de mi, pero después lo sacó para terminar echando toda su leche sobre mis nalgas. "Por favor, antes de que se te ablande métemelo por detrás", dije excitada. Ellos me acostaron en una toalla de lado y uno me lo metió por atrás y el otro por la vagina, eran tan grandes que apenas y podía moverme, los dos me lo metian y me lo sacaban muy fuerte hasta que tuve mi orgasmo tan fuerte que los dos me tuvieron que tapar la boca para que no nos oyeran los huéspedes. En cuanto terminó todo, me acosté boca abajo para tranquilizarme y cuando levanté la mirada, me encontraba sola y mis calzones estaban al lado con unos billetes. Traté de pararme y alcanzarlos para darles su dinero y decirles que yo no era de ese tipo de mujeres pero mis piernas todavía no me respondían a causa del orgasmo que había tenido. Tuve que esperar un rato para descansar mientras me limpiaba la cola de la leche de ellos. Me puse la ropa y salí del hotel, los tipos habían terminado su turno, así que no pude verlos. Al llegar a mi cuarto estaban mis amigas contándose sus aventuras nocturnas. Al verme me preguntaron cómo me había ido. "Nunca me van a creer, solo les digo que fue una noche única y además tengo dinero para repetirla mañana", respondí. Desde ese día siempre en mis vacaciones viajo a Acapulco
Me llamo María, soy una mujer de veinticuatro años, morena, tengo mi trabajo y apenas sé cocinar. Mi vida era muy rutinaria, por supuesto sin caer en la mojigatería, hasta que descubrí a gozar con mi cuerpo. Todo empezó hace unos meses, cuando se quedó libre un piso en mi bloque por encima del mío. Lo ocupó una preciosa francesa de nombre Corinne. Desde la primera vez que nos vimos creo que nos caímos simpáticas. Recuerdo que fué una tarde de verano, venía de trabajar y coincidimos en el rellano del portal mientras recogíamos nuestra respectiva correspondencia. Nos saludamos haciendo las precisas presentaciones y me ofrecí para cualquier cosa que necesitara. Corinne tiene tan sólo diecinueve años, mide alrededor de un metro setenta centímetros. Sus ojos son enormes y de un azul ultramar electrizante, rodeados de unas pestañas largas, suaves y claras. El pelo rubio, largo hasta la cintura, flexible, sano, rebelde, brillante y con delicadas onditas que le confieren un aspecto de niña traviesa. Corinne y yo comenzamos a vernos varias tardes a la semana y poco a poco fué creciendo nuestra amistad, aumentando nuestra confianza. Quedábamos en su casa o en la mía para tomar té frío o unos JB con Coca-Cola y charlar sobre cualquier tema que en ese momento nos pudiera interesar. Nunca nos sentimos cohibidas aunque nuestras confesiones fueran muy íntimas, incluso hablábamos de nuestras propias experiencias sexuales. Mi vida en ese aspecto se limitaba a unos breves escarceos con chicos que consistían en magreos un tanto violentos que nunca me terminaron de gustar, acompañados de un montón de besos anodinos. Por supuesto era virgen, jamás había sentido la necesidad de dejar de serlo. Corinne había nacido en Lyon, pero se crió en París, su educación le hacía tener una concepción del sexo diametralmente opuesta a la que nosotros, en este país, respiramos desde el momento de nacer. Para ella el sexo no era otra cosa que una expresión de amor, de cariño hacia una persona o varias, una representación física-material de algo que no se puede tocar, de algo abstracto. Pronto empecé a comprenderla completamente. Un Viernes por la tarde habíamos permanecido unas dos horas sentadas en el sofá hablando de nuestras cosas y bebiendo, casi sin darnos cuenta íbamos por el quinto JB con Coca-Cola. Comenzaba a oler su exótico y embelesador perfume, tan sensual, tan cálido, tan profundo como ella misma. Mis ojos querían cerrarse para poder llenarme de su esencia y sentir que era feliz. De repente Corinne se levantó dando un salto y me dijo que quería enseñarme algo para conocer mi opinión. Desapareció del salón y se adentró en su dormitorio. A los pocos minutos apareció por la puerta, la luz de la habitación la iluminaba por detrás y por delante, la casi extinta luminosidad del salón. Llevaba puesto un picardías transparente de color púrpura, lleno de encajes delicados a la altura del pecho, por donde se veían con todo detalle unos oscuros pezones. Estaba tan arrebatodora ante la puerta, con su pelo rubio dejándose resbalar por la espalda, las telas transparentes, las piernas largas, el exquisito triángulo de su pubis, de su monte de Venus... -¿Te gusta?- Me preguntó en un plañido. La contesté con una afirmación apagada. En ese momento sólo veía un ángel pícaro, una ninfa ingenua, todo a la vez; Sólo veía su palidez, el púrpura de sus encajes, la delicadeza de su persona y la embriaguez de las refinadas curvas de su cuerpo. Por primera vez en mi vida sentí no haber tenido una vida sexual más activa, más experiencia; Deseaba a aquella mujer y no tenía la más mínima idea sobre lo que debía hacer o de lo que ella podría llegar a hacer. Sentía un deseo irrefrenable físicamente, pero mentalmente me aprisionaba la idea de que la homosexualidad no era natural. Se aproximó a mí y se sentó lentamente sobre el sofá, me miró fijamente clavando esos ojazos azules en mis pupilas y puso mi mano sobre su pecho. Sin darme cuenta, pronto empecé a acariciarlo y a darle pequeños pellizcos; Su pezón, como por arte de magia, se puso duro, erecto. Sentí una llamada al pecado, al abandono, dirigí mi otra mano hacia su otro pecho como si una fuerza oculta me guiará camino del placer. Corinne cerró los ojos, su respiración se entrecortó y fué haciéndose, a medida que pasaba el tiempo, más rápida y ruidosa. Yo estaba experimentando a la vez algo muy similar. Una idea se me instaló en la cabeza, tenía una necesidad enorme de acceder con mis labios a sus tetas y chupárselas hasta deshacerlas, pero dudaba porque no me creía capaz de hacerlo. Tenía que hacer un esfuerzo y no dejar que mi cabeza me dominara, no podía permitirme el lujo de detener el el presente por mis dudas, por mis indecisiones, por ese afán que tengo de pensar las cosas mil veces antes de realizarlas. Cuando mi lengua sintió la dulzura de su pezón, ella jadeó. Después traté de meterme el seno entero en la boca, entonces ella gimió con fuerza. Tenía hambre atrasada, tenía «Mono» de su escultural cuerpo, comencé a sorber, a morder, a chupar a tocar su busto de porcelana una y otra vez, estaba dispuesta a que ese momento no tuviera final. Habíamos llegado a un punto en el cual era imposible regresar, por fín iba a tener una historia de amor que me apetecía. Corinne se cansó de estar tumbada, incorporándose se desabrochó el picardías y se lo quitó. Totalmente desnuda era como un sueño hecho realidad, me sentí desfallecer cuando ella tocó con sus finas manos mis pechos. Sus dedos magreaban mis tetas con maestría, sus labios jugaban con los míos. Primero se dedicó a recrearse con su lengua por los alrededores de mis labios, mi boca ansiosa buscaba con desenfreno su ávida lengua y luego, sin avisarme me la metió hasta dentro, como si quisiera comerme entera. Estaba yo ensimismada por la cascada de sensaciones que vivía cuando noté su mano caracoleando entre mis piernas. Mi braguita de algodón estaba empapada. Bajó la cremallera de la bragueta e introdujo con decisión sus dedos por dentro de los pantalones. Primero me tocó el coño por encima de las mojadas braguitas, a continuación se las ingenió para llegar a la fuente de mis jugos. Mientras hurgaba y se entretenía en mi húmeda almejita, con la palma de la mano rozaba mi clítoris. Quería destrozar los pantalones, tal era mi excitación, comencé a moverme con ese propósito, pero ella lo hizo por mí. Entonces me quité las braguitas. Ahora estábamos las dos desnudas, su entrepierna se me presentaba totalmente inundada por sus flujos. Exploré su coño a la vez que ella hacía lo mismo con el mío. Más tarde caí sorprendida cuando me empujó para atrás, dejándome tumbada boca arriba, me abrió las piernas y metió su cabeza. Noté su lengua en mi ardiente rajita, entonces comprendí que no iba a tardar demasiado en correrme. Tenía su cara literalmente metida en mi hendidura, sorbiendo todos mis líquidos con ejemplar sapiencia, chupando mi clítoris y mis labios vaginales con su habilísima lengua. Al mismo tiempo, sus manos, al unísono, pellizcaban mis pezones. Algunos minutos más tarde me hacía gozar del orgasmo más cálido, delicado e intenso que había sentido en mi vida. En este momento me sentí injusta e intenté comerle ese coñito rubio tan excitante, pero ella no pudo esperar, antes de que mi lengua pudiera llegar a su vulva la inundó su propio orgasmo, entonces me cogió con sus manos por mi cabeza y me llevó a sus labios. Desde ese día los encuentros se han multiplicado. Ahora cuando estoy con algún chico me gusta imaginar que son las manos de Corinne las que me acarician. Cuando él me lame el coño, pienso que es la pequeña boca rosada de mi amiga y cuando me coloco debajo de él para ser penetrada deseo que sea el ardiente y húmedo chochito de mi Corinne lo que me roza. Aún no he podido contar a nadie mi relación con Corinne. Mis sentimientos son confusos en cuanto a las lesbianas. Mi educación me obliga a hacer el amor con hombres.
Quiero contarles una historia que me sucedió hace algunos días y que en realidad me dejó perpleja por lo insólito. Espero que sirva para que vuestro morbo sea exaltado. Te quería contar de mi primera experiencia con una mujer lesbiana. No se como quedará, pero trataré de ser lo mas clara posible. Esto me sucedió poco tiempo atrás, cuando tenía 16 años. Cursaba por esa época mis estudios en un colegio de niñas. Nada hacía presagiar que mi yo interno me dijera que mis gustos estaban dirigidos hacia personas de mí mismo sexo. Tenía mis amigos, como toda niña de mi edad, pero ninguno me atraía como para pensar que me enamoraría de alguno de ellos. Varias de mis amigas, tenían sus novios, pero a mí no me quitaba el sueño tenerlo. Esto, no sé si porque estaba demasiado ocupada en mis estudios o simplemente no me había dado cuenta de ello. La verdad es que, con tanto estudio a veces me daba por salir a caminar otras veces me iba a casa y escuchaba música o bien me iba al cine a ver alguna película en alguno de los cines locales. Cierto día, caminaba por el centro de la ciudad y me dió a mirar la cartelera de un cine. La película parecía interesante. Compré mi entrada e ingresé. Aún no comenzaba. Las luces estaban encendidas por lo que me busqué una butaca para ver cómodamente. Al rato las luces se apagaron. Primeramente empezaron a mostrar comerciales. En la fila en que me encontraba, no había nadie más. Hacia adelante había por lo menos tres filas y hacia atrás otras tantas que estaban desocupadas. Ya estaba por comenzar la película cuando se sentó una señora en la misma fila en que yo me encontraba. Se sentó un asiento más allá de donde yo estaba y puso unos paquetes entre ella y yo. Después de un rato cambió los paquetes de lugar y se sentó a mi lado. Yo no le dí importancia hasta que empezó a poner su brazo donde yo tenía apoyado el mío. Molestaba en ese pequeño espacio tener las dos el brazo puesto, el de ella y el mío. La miraba de reojo por si sacaba su brazo, pero ella como si nada. Incluso me dirigió su mirada y se sonrío. Yo estaba muy molesta así que la miré con seriedad. Justo tenía que ubicarse a mi lado, si más allá tenía bastante espacio para sentarse. Con lo que me estaba sucediendo, casi ni me estaba preocupando mucho de la trama de la película. Traté de prestarle atención a la película, cuando sentí que esta señora acercaba más su brazo al mío. Ya estaba a punto de pararme y cambiarme de lugar cuando sentí que su mano se acercaba a mi rodilla. Me miró y volvió a sonreír. En realidad en ese momento, me sentí cohibida. No sabía como reaccionar. Ella tendría unos treinta años o quizás 25 no la podía distinguir mucho por la oscuridad. Acercó más su mano a mi rodilla y yo traté de alejarme hacia el lado opuesto de ella, pero ella se acercó mas a mí. Ya luego, mirándome, acercó su mano sin más y la colocó sobre mi rodilla. Yo estaba tiritando de temor. Suavemente empezó a subir mi falda y tomó mi rodilla desnuda. Empezó a acariciarla muy suavemente. Su mano se dirigió hacia el interior de mi muslo. Sentía su mano caliente. La deslizaba muy despacio hacia mi entrepierna. Yo estaba muy asustada y no había nadie a quien recurrir que se encontrara cerca. Estaba temerosa, pero tampoco tan, tan asustada. Quería ver hasta donde llegaba la audacia de esta mujer para tocarme tan impunemente. Me miró y me sonrió nuevamente. Ahora pasó su mano por detrás y rodeó mis hombros. Al tomarme por el hombro contrario a ella, hizo que me acercara a ella, y con su otra mano, tomó nuevamente mi rodilla y empezó a subir mi falda. Acariciaba suavemente mi muslo y su mano llegaba ya a mi entrepierna. Yo me estaba empezando a sentir excitada ante semejantes tocaciones. Su mano llegó finalmente a posarse sobre mi gatito, por encima del calzón. Empezó a acariciarlo. Sus dedos expertos, sabían como hacerlo. Yo miraba la película o trataba de mirarla, pero esas tocaciones lo hacían imposible. De pronto su mano subió y se metió por entre el elástico de mi calzón y mi estómago. Sentí su mano acercarse a la entrada de mi vagina. Revolvía mi matita de pelillos púbicos y acercaba su dedo medio a la entrada de mi vagina. Abrió mis labios vaginales y lógicamente se enteró de mi humedad. Me miró y sonríó. Acercó su cara a mi oído y me dijo: "Acércate más acá, mi amor!". No sé si me tenía hipnotizada o que, pero le obedecí y me acerqué hacia ella. Su mano rápidamente tomó firmemente posesión de mi gatito. Su dedo medio acariciaba dulcemente la entrada de mi vagina en ingresaba suavemente hacia el interior. Los jugos de mi vagina hacían que su dedo entrara con más suavidad. Me sentía transportada hacia otro mundo. Sus caricias me estaban haciendo cerrar mis ojos y apretar mis dientes para no exclamar ningún grito de placer. Su otra mano bajó de mi hombro y se acercó hacia los botones de mi blusa. Los desabrochó y acercó su mano a mi seno izquierdo, sentía mi pezón duro, excitado. Mi pecho estaba totalmente excitado, mi corazón estaba acelerado al máximo, por todo ello echaba mi cabeza hacia atrás y me sentía transportada a las más deliciosas sensaciones. "¡Levántate un poco!" -me pidió esta extraña. Lo hice y al instante esta mujer empezó a bajar mis calzones, luego los sacó de mis piernas y quedé cubierta sin nada más que mi falda. Abría las piernas para que su mano acariciara más profundamente en mi vagina. Ya sus dedos llegaban a mi culito. Aprovechando que estaba totalmente mojada su dedo se dió a entrar por allí. Sentía como ingresaba sin mucho dolor. La extraña no resistiendo más, se hincó entre mis piernas y se dió a lamer mi gatito. Su lengua era ardiente. Lamía como una experta. Me recorría entre mi vagina y mi ano. Puso mis piernas sobre sus hombros, lo que le dió mayor visión de mi gatito y culito. -¡Ooooohhhh, que manera de hacerlo... -Mmmmmhhhhh... Está tan riiiicoooo...! -¡Lámeme más adentro!- Le rogaba calladamente, para no despertar sospechas entre los demas alli en el cine. Ella no se hacía de rogar y metía casi toda su lengua dentro de mi vagina. Chupaba mis juguitos con sumo deleite. Se los devoraba. -¡Ahhhhhhggg. Lame... Lame... Lámelo... Más... Más... Tómalo... Tómalo... Ya llega... Tómalo... Chúpamelo más fuerte... Aaaggggghhhhh... Uuuuuhhhhmmmmm!- Y quedé totalmente exhausta, con mi gatito totalmente excitado y mojado. Luego la extraña arregló mi vestido, se ordenó ella, se levantó y salió del cine. Esperé unos instantes y salí también de allí para encontrarme con ella, pero había desaparecido. Y además se había llevado mis calzones. Así que tuve que marchar sin ellos.
Erica entró en el estudio y en un comienzo Gabriela no supo quien era. No era posible reconocer en esa mujer hermosamente vestida, inteligentemente maquillada, con una figura esbelta perturbadora, subida en esos tacones de vértigo, a su compañera de estudios de tres años atrás, que siempre estaba metida en unos jeans raídos, sobre los que colgaban una suerte de túnicas descoloridas. Bajo esa indumentaria siempre fue imposible reconocer o imaginar forma alguna de cuerpo femenino. En el recuerdo, no era solamente su figura la que le evocaba insignificancia y pasividad, sino su forma de ser. Retraída, abúlica, casi siempre bostezando, sin compañero o pretendiente conocido, apartada de fiestas y reuniones, ni siquiera era buena estudiante y no fue nunca motivo o centro de alguna alusión de ningún tipo por parte del resto del grupo. Gabriela había sido siempre su única amiga, amistad que había decaído primero y desaparecido después, porque su consulta profesional no le dejaba tiempo para amistad ninguna. Si su aspecto actual le sorprendió, lo que ella le narrara, luego de haberse reconocido adecuadamente, la dejó alelada. Empezó por contarle que terminados los estudios en el Instituto , había aceptado un trabajo en una empresa editorial de propiedad de un pariente cercano, todo esto con la debida autorización de sus padres con quienes vivía. El trabajo era entretenido y ella estaba feliz hasta el día que su jefe directo, un hombre maduro de cincuenta años, que hasta ese momento ella admiraba por ser no solo inteligente y entretenido sino además extraordinariamente respetuoso, la tomó desde la cintura, la atrajo hacia si y le estampó un beso, que ella, absolutamente sorprendida, resistió con los labios firmemente cerrados. Casi no recordaba como abandonó la oficina dispuesta a no regresar jamás y sobre todo a no contarle a nadie tamaña humillación. Lo que Erica le decía estaba de acuerdo a lo que Gabriela recordaba de su carácter, pero aun le tenía impresionada le belleza impactante de esta mujer renovada. Erica continuó diciéndole que la noche del suceso en la tranquilidad de su lecho, se sorprendió de sentirse relajada, sin rencores por su pudor mancillado y dispuesta a regresar al trabajo a la mañana siguiente, a ese lugar donde había recibido el primer beso de su vida aunque ella lo hubiese resistido. Raúl, que así se llamaba su jefe, no hizo la menor alusión a lo sucedido, no pidió más ni dio explicaciones, como si la situación nunca hubiese existido. Ella, por su parte, tampoco realizó referencia al hecho y al momento de marcharse esa tarde ya casi había olvidado el asunto, cuando se sintió violentamente abrazada por detrás y sin poder evitarlo percibió claramente la presión de ambas manos de Raúl sobre sus pechos relativamente pequeños, pero indudablemente bien conformados. De nuevo salió precipitadamente de allí sin decir nada, pero ahora francamente decidida a no regresar. A esta altura del relato, Erica parecía relajada, encendió un cigarrillo, aspiró suavemente y continuó. Dijo que no había abandonado el trabajo y pasaron largos días en que nada sucedió y al parecer, todo había vuelto a la normalidad, cuando en la tarde de un Viernes de verano, estando ella de pie frente a una pantalla revisando atentamente un listado de textos, percibió nítidamente una presión desconocida sobre su nalga derecha. Lo diáfano de su vestido y la presión que Raúl ejercía, le permitió reconocer la forma y tamaño del objeto. Supo entonces claramente de que se trataba y esa misma certeza la paralizó. En ese momento sintió la mano de Raúl tomando la suya abierta para luego dejarla sobre el ardiente miembro a punto de estallar. Ella no cerró la mano sobre el cilindro carnoso, pero pudo percibir parte de su contextura y una tibieza extraña que se le grabó en la mente. Sin darse vuelta y sin mirar hacia ningún lado, cogió su cartera y abandonó la oficina a punto de llorar. La noche de ese Viernes prácticamente no durmió, sobresaltada por el recuerdo de la humillación sufrida, se dió cuenta que a nadie podía contar el atropello, guardándolo en su mente para siempre. Pero justamente por estar tan guardado en su intimidad le parecía cada vez más suyo y varias veces durante ese sábado se sorprendió pensando en ello. Ya en la noche sus prendas de dormir le molestaban por el calor y recordaba intensamente la tibieza que en su mano percibiera desde el excitado miembro de Raúl. La desvelada noche de su Domingo se pobló de tactos evocados, de consistencias, longitudes, grosores imaginados y el Lunes estaba en su puesto de trabajo como clavada por ese secreto que le consumía su sensibilidad. Ahora Erica parecía entusiasmada con su relato. Su rostro reflejaba una viveza encantadora, casi no hacía pausas, como si hubiese tenido gran necesidad de hablar. Dijo que Raúl había continuado tan imperturbable como siempre, como si él, autor de tanto atentado contra la moral vigente, no fuese él sino su fantasma . El trabajo seguía en forma tan eficaz como siempre en esa sección de la empresa que floreciente enfrentaba el término del año. Fue justamente la tarde de Diciembre en que preparaban una pequeña celebración interna, que Raúl pidió a Erica que le ayudara a confeccionar unas tarjetas, para lo cual le entregó los materiales de rigor sentándose luego a su lado. A poco andar y concentrada en su tarea decorativa, la mano derecha de Erica fue rápidamente colocada por Raúl sobre su erecto miembro, que libre, cual caña de grueso bambú, oscilaba completamente fuera de su pantalón. Esta vez, sin embargo, Raúl no soltó la mano de Erica, a fin de asegurarse que la mujer abrazara completamente su mástil ardiente. Ella no hizo la menor indicación de retirar la mano, no habría podido, estaba como soldada a esa pieza tibia cuya consistencia la mantenía atraída como un imán, de modo que no se movió. Pero estuvo inmóvil solamente un momento, porque la mano de Raúl sobre la suya comenzó a darle un ritmo ascendente y descendente de manera que ella fue recorriendo el miembro, sintiendo como la gruesa piel se deslizaba suavemente sobre la estructura carnosa y reconociendo los diferentes grosores del ese cilindro que había transmitido a su cuerpo entero un calor desconocido y embriagador. Cuando Raúl retiró la mano, ella no pudo retirar la suya. Siguió ese movimiento subyugante sobre el miembro al que estaba soldada y obedeciendo a un impulsó inevitable aumentó el ritmo y la presión. No sabía bien donde estaba, porque era toda percepción de tacto en su mano derecha, de modo que cuando sintió el latido, se detuvo para percibirlo mejor. Entonces pudo mirar. La blanca erupción saltaba desde esa cabeza rosada monumental separándose en el aire como un surtidor. Bajo la cabeza, su mano pequeña asida a ese tronco como a su destino y vio bajo su mano unos quince centímetros de un miembro moreno impactante cuya base, de un grosor desafiante, se hundía en la selva nutrida de vellos rizados. Durante un instante se sintío artífice de ese espectáculo y se estremeció. Luego de los últimos estertores de la erupción, Erica limpió como pudo los pequeños ríos que corrían por su falda diáfana, permitió que algo del líquido empapara sus dedos, percibió su consistencia, se embriagó de su aroma y con esas sensaciones abandonó para siempre la oficina y las tarjetas. Su relato de la masturbación, le había encendido el rostro. Había hecho con sus manos algunas indicaciones de tamaño, aludiendo explícitamente al miembro causante de su experiencia. Gabriela debió reconocer que su relato era excitante y ella lo estaba disfrutando mas allá del plano puramente profesional. Ahora, Erica le explicaba que los días siguientes no fueron suficiente para poner distancia con el efecto de lo vivido, de manera que ella, que percibía claramente el peligro que corría su virtud, mantuvo su sabia decisión de abandonar la empresa y sin contar a nadie nada de nada, renunció a su trabajo dedicándose plenamente a las tareas del hogar reemplazando a su madre que estaba delicada de salud. Pero pronto se dio cuenta que la soledad y el silencio eran los peores ingredientes para olvidar esos lances. De noche se sorprendía pensando sin querer en lo que deseaba olvidar. Como se movía poco, fue desarrollando cuerpo, sus pechos que eran bien formados, pero pequeños, se transformaron en dos tetas deliciosas, apretadas, redondas y tiernas que exigieron rápidamente dos tallas más de la habitual y sus dos pezones insolentes le recordaban a cada momento su existencia. Sus muslos fueron redondeándose voluptuosamente y sus caderas formaron un arco delicioso a esa mata de vellos rubios que jugaban diariamente con sus pequeñas bragas que eran incapaces de contener un trasero sobre el cual ella percibía directas las miradas de los hombres cada vez que circulaba por la ciudad. Un día durante la ducha sintió latir tan fuerte el centro de su intimidad que temerosa de estar enferma se acercó al espejo y por primera vez en su vida se miró con dedicación para descubrir, arrobada, su tajo maravillosamente abierto, rosado, palpitante, dándose cuenta que allí estaba la fuente de toda esa inquietud que la traspasaba cada vez que se acordaba de lo que no quería acordarse. Su detallada descripción estaba inquietando a Gabriela más de la cuenta, le parecía que intencionadamente ella le daba detalles íntimos que no eran tan necesarios, pero la forma como los decía le resultaba encantadora. Agregó que, desde ese día, se acostaba más temprano y en la intimidad de su lecho se acariciaba intima y suavemente con sus dedos y con ellos mojados se humedecía los pezones para luego tenderse boca abajo apretando los muslos y dejarse invadir por esa sensación agradable que la llevaba hasta el sueño. La inquietud de nuevo se apoderaba de ella apenas despertaba, de modo que rápidamente se incorporaba a los trabajos de la casa para no pensar en ello, pero era inútil. Parecía como si todo su cuerpo se hubiese transformado en un ente pensante y cada parte de su anatomía no hiciera sino recordarle lo vivido. Así durante el día, a veces se detenía en sus afanes para apretar las piernas y sentir la explosión anhelada, pero ello no llegó a ser suficiente. Una tarde que estaba sola en la casa, sintió latir tan fuerte su pubis que alarmada se detuvo en sus tareas y se sacó las pequeñas bragas, para comprobar que estaban totalmente empapadas de un líquido denso que emanaba un aroma intenso y embriagador. El mismo líquido corría por sus muslos que brillaban hermosamente y vio latir sus labios menores como mariposas locas. Como no sabía que hacer para calmarse se acercó a la silla más próxima apretando su respaldo entre sus muslos y empujándolo contra su centro, sintió los bordes fríos entre sus labios mayores. Se frotó frenéticamente durante un rato y se dio cuenta que estaba pensando, desde días, en ese miembro duro y tenso, en esa cabeza reluciente y rosada, en ese contacto en su mano que la había quemado, en ese tronco perdido en la selva de Raúl. Sintió una fuerte sacudida y un golpe por dentro de su cerebro en el momento en que con las rodillas dobladas rodaba por la alfombra gimiendo de placer con las piernas brutalmente abiertas, pero feliz. El enrojecido rostro de Erica se había iluminado, sus ojos brillaban con el deseo reflejado, había ido separando lentamente sus piernas y ya casi no miraba a su amiga. Pero Gabriela si que la miraba, la inquietud se había apoderado de ella y pensaba en el poderoso efecto que el deseo contenido había tenido sobre esa mujer como para trocarla en un ser tan deseable como evidentemente lo era. La escuchó decir que el recuerdo de ese miembro se le había transformado en una imagen persecutoria y desde ese día trató de traer a la memoria cada uno de los detalles de esa tarde estival en que lo tuvo en su mano. Entonces había comenzado a buscar en cada figura, en cada objeto, una referencia física de aquel miembro que la obsesionaba. Miraba, entre la decoración de la casa, cada objeto cilíndrico, cada florero, cada envase, para encontrar en ellos una connotación excitante. Las formas y consistencias de las cosas le eran perturbadoras, y un día en el mercado su madre tuvo que gritarle para que la escuchara porque ella estaba arrobada en la contemplación de un racimo amarillo de plátanos que la miraban obscenamente mientras sentía correr un hilo tibio entre sus muslos. Se había dado cuenta que su cuerpo era un instrumento maravilloso que se manifestaba en forma independiente de su voluntad, le gustaba que su corazón hiciera vibrar su pezones cuando latía fuerte y había descubierto formas excitantes de percibir su anatomía. Le encantaba apretar objetos entre sus muslos y seleccionaba los más suaves y tibios haciéndolos rodar con deleite. Otras veces ponía una mano entre su nalgas y hacia presión sobre ella juntando con fuerza los globos resistentes de su trasero perfecto. Estaba como poseída por la evocación permanente de ese miembro ausente, que con un solo contacto se había adueñado de su sentir y si lo hubiese tenido a su alcance en cualquier momento, se le hubiese brindado de mil formas que ella ignoraba, porque su falta de experiencia sexual era absoluta. Erica estaba ahora como un poco fuera de sí. Gabriela le pasó un vaso con agua y le pidió que se calmara, pero ella continuó hablando mientras su amiga la escuchaba impresionada porque ahora se había metido en cuerpo y alma en su relato. Dijo que, en los últimos días, ya casi no tenía control sobre si misma, que inventaba situaciones y las desarrollaba con pasión, que se vestía provocativamente y en la intimidad de su cuarto, de noche, se lo imaginaba en el centro de su lecho, erecto y brillante, grueso y tibio, de una dimensión aterradoramente atractiva, que realmente lo veía oscilando frente a ella y que entonces se desnudaba para él, acariciándose sensualmente, doblando su cuerpo ardiente, separando sus muslos abriéndole todos sus secretos para precipitarse luego sobre la cama boca abajo, con las manos fuertemente apretadas contra su vulva que se agitaba casi en un paroxismo. Dos lágrimas pesadas corrían por las mejillas de Erica. Gabriela se acercó a ella y cuando tocó su rostro se dió cuenta que el cuerpo entero de esa mujer ardía. Hablándole con infinita ternura le pidió que se desnudara, reteniendo su cabeza en medio de sus tetas palpitantes. Puso llave a la puerta del estudio pensando que nunca había visto un grado de excitación igual. Al volverse la contempló desnuda y tuvo la impresión que Erica estaba poseída, parecía una escultura diabólica en su belleza, rodeada de un halo cálido que la envolvía como un perfume. Gabriela se sintió invadida por un calor que parecía irradiarse desde los brazos que Erica mantenía estirados hacia ella y se sintió ridícula y torpe, vestida frente a esa mujer palpitante. - Ayúdame... Por favor ... -dijo Erica, como quejándose. Entonces Gabriela se desnudó, anhelante, para unírse a ella, porque no podía resistir a esa energía atractiva y comenzó a quemarse junto a esa piel de una suavidad inaudita. Pasó un brazo por su cuello para acercarla y su mano oprimió una de sus tetas duras y quemantes, sentía latir su vientre junto al suyo y lentamente fué bajando la mano por la curva de sus caderas hasta poner su palma sobre el ardiente sexo de Erica. Era deslumbrador. Se agitaba en su mano como algo vivo, independiente, como si tuviese en medio de su vellos mojados un pequeño volcán que ya no resistía a su erupción inminente y en ese momento supo donde estaba el centro de la perturbación de su amiga y supo que si esa energía no era liberada, Erica estallaría de pasión. Ahora quería hacer lo que haría y percibió como sus cuatro dedos decididos abrieron ese cráter y una lava quemante invadió la palma de su mano y su muñeca, rodó por sus muslos y los de su hermosa amiga hasta sus pies y no retiro su mano, ni sus dedos del cráter querido aún cuando caían abrazadas besándose y Erica le dijo como en un gemido, que al parecer tenía guardado desde hacía tres años. - Gracias Gabriela... Por fin... Por fin... Entendiste
Nada de lo que me sucedió fue inesperado, es más, estuve aguardándolo desde que por primera vez tuve sesión de terapia con ella. Si me preguntan que me llevó hasta su consultorio, podría decirles que solamente la necesidad de ver cosas de mi vida en forma más clara, sabiendo que sin la palabra de alguien neutral nunca lo lograría. Así llegué a pedir un turno con la doctora Clara Arguello, porque una compañera de facultad de mi hermano se atendía con ella y me había comentado que era una de las mejores analistas que había en ese momento. Llegué a las ocho menos cinco de la noche y a las ocho en punto me hizo pasar a su consultorio. Me encontré con una morena de ojos pardos, de un metro setenta más o menos, cabello color azabache y un físico realmente muy bien proporcionado. En cuanto la vi pense que si Mateo (mi pareja de aquellos dias) la pudiera ver, se moriría de placer, porque era casi casi su ideal de mujer. Se sentó detrás de su escritorio y me ubiqué en un sillón muy mullido de cuero, frente a ella. Hablamos de las cosas típicas de la primera sesión: Como se conformaba mi familia, si estaba en pareja, cuantos años tenía y brevemente que me había llevado hasta allí. Después de los consabidos y religiosos cincuenta minutos de sesión, nos levantamos y me fui, no sin antes despedirme hasta el viernes de la misma semana, a la misma hora. Al llegar a casa, Mateo me preguntó como me había ido y le comenté lo sucedido y sobre todo, le detallé las características físicas de mi nueva terapeuta con minuciosidad (cosa que después me dejó asombradísima ante mí misma, porque indicaba que la había registrado hasta en los más mínimos movimientos). Desde ese lunes hasta el viernes, no dejé de pensar en mi terapeuta y en las ganas que tenía de que llegara la próxima sesión. Durante casi dos meses asistí puntualmente a cada una de las consultas y notaba, no sin cierta extrañeza, como cada vez me interesaba más y más en los ojos de Clara, en su ropa,en sus piernas y en sus pechos. En más de una ocasión me sorprendía mirándolos fijamente y descubriendo que ella me miraba a los ojos, siguiendo la línea de mi mirada, sabiendo entonces a donde se dirigía la misma, pero jamás hizo ademán alguno de sentirse incómoda o de detener aquello. En una de las sesiones me propuso dejar aquel cómodo sillón y comenzar, como una etapa más de la terapia, a usar el diván. Acepté encantada, sobre todo porque eso evitaría que mis ojos siguieran escapándose hacia ella en forma tan evidente (recostándome en el diván, la tendría ubicada a mis espaldas). Desde que me recostaba en el diván, nos dedicamos a analizar los sueños que tenía y, ha decir verdad , la mayoría de ellos eran muy eróticos y con marcadas escenas de bisexualidad (condición personal que intuía, pero nunca había podido confirmar). Estaba en una de esas sesiones oníricas detallándole uno de los sueños, cuando sentí que lentamente Clara se levantaba de su lugar y se acercaba al diván, sin dejar de hacerme preguntas sobre lo soñado ni de darme pautas el sueño. Estaba tan compenetrada en esta tarea que casi no me di cuenta de que Clara se había parado en la cabecera del diván hasta que sus manos se apoyaron sobre mis hombros, suave, pero firmemente, presionando un poco y comenzando a acariciarlos en círculos. Nunca dejé vislumbrar la sorpresa que esos masajes me causaban, sencillamente seguí narrando mi sueño. De los hombros, las manos de Clara siguieron su camino por mi cuello y rodearon el borde de mi camisa hasta llegar al primer botón que estaba prendido. A esta altura de las cosas era inevitable darse cuenta de que mi respiración se había acelerado y que no era el único signo de la excitación que se estaba apoderando de mí. Por encima de mi camisa, comenzaron a hacerse notar mis pezones, endurecidos por el calor que esas manos me estaban dando y mis piernas estaban comenzando a separarse lentamente. La boca de Clara se había acercado a mis oídos y se detenía en cada uno para que yo pudiera sentir allí su aliento caliente y sus palabras suaves : "Relájate y sigue, esto es solo el principio, la única manera que tenés de recordar ese sueño por completo, es reviviendo el goce que te produjo". Siempre ubicada a mis espaldas, sus manos lograron desabrochar la blusa y meterse entre mi brassier y mis pechos, lo que me ocasionó un gemido involuntario al sentir sus frías manos sobre ellos. Los envolvió delicadamente con sus dedos, los presionó y se dedicó a pellizcar levemente mis pezones para después pasarle sus largas uñas alrededor y dejarlos duros como rocas. A esa altura ya poco me importaba recordar el sueño, solo quería que ese que estaba viviendo con ella continuara, que no me abandonara así, que me diera más y más, que sus manos siguieran su camino por todo mi cuerpo. Sin poder soportar más esas caricias teniéndola lejos, la tomé de las muñecas y la coloqué frente a mí, quería ver sus ojos, quería que viera los míos, quería que viera mi boca mojada, mis ojos llenos de deseo. Se sentó al borde del diván y acercó su boca a la mía y comenzó una fiesta de besos. Su lengua y la mía se encontraron duras, calientes, movedizas; La suya recorrió cada parte de mi boca, mi paladar, mis dientes, las paredes internas de mis mejillas y la mía se dedicó a sus labios, a mojárselos incesantemente, a lamerle los lóbulos de las orejas, a buscar la suya nuevamente para establecer esa batalla tan deliciosa que teníamos. Sus manos nunca dejaron mis pechos, siguieron pellizcando y estirando mis pezones hasta que con las mías le ubiqué su boca en ellos. Clara lamió mis pechos con esa lengua maravillosa, los dejó mojadísimos con su exquisita saliva y se dedidó a mordisquear mis pezones, que no podían más, que no albergaban más dureza que la ya acumulada. Tomó cada pezón entre sus labios estirándolo, succionándolo, mordiéndolo, haciéndome sentir esa extraña mezcla de placer y dolor infinito que no termina, practicamente me los mamó como si fuera una criatura de pocos meses, tratando de obtener su alimento diario. Al mismo tiempo que su boca descendía por mi cuerpo, sus manos iban quitándome la ropa en forma precisa, sacando la camisa fuera de mis pantalones e intentando desabrocharlos con premura. -No, por favor-, le pedí con la voz entrecortada -Acaríciame por sobre la tela, quiero sentir como tus manos me acarician la vulva, como me calientas a través de la ropa, como me voy mojando despacio-. Así lo hizo, abrí mis piernas para que trabajara con más comodidad y comenzó a acariciarme por sobre la entrepierna de mis pantalones. Su palma abierta subía y bajaba por toda la extensión de mi vulva, presionaba despacito justo en la unión de los labios de mi vagina y simulaba meterme un dedo, rozando así el centro de mi vagina, dejándome casi desmayada, mientras seguíamos besándonos. Subió su mano y la metió entre mi bombacha y llegó a mi vagina. -Hummmmm, me encanta que la tengas afeitadita, se siente deliciosa... Quieres más caricias o me dejas meterte los deditos??. Esas palabras bastaron para que yo misma me sacara los pantalones, me bajara la bombacha y me quedara desnuda frente a ella. Una de mis piernas quedó sobre el diván mientras que la otra quedó colgando, con mi pie izquierdo apoyado sobre el piso. Clara se arrodilló frente a mis piernas abiertas y sus manos se dedicaron a mi conchita, dejándome a mí transportada a otro mundo. -Estas tan mojada!!!-, repetía sin poder creerlo -Nunca ví una conchita tan mojada, tan brillosa, tan cremosa. -Verdad? Quiero que me metas los dedos, los mojes y desparrames mi flujo entre los labios de mi concha. -Así te gusta, preciosa?- me preguntó mientras me metía dos dedos a fondo, les daba media vuelta dentro de mí y los sacaba empapados, para después lubricarme los labios mayores y menores de la vagina. -Más, dame más, dame tu lengua, chúpame, chúpame despacito-. Y la lengua de Clara se dedicó a lamerme, a recoger mi flujo desde mi interior para repartirlo, de adelante hacia atrás, hasta llegar al agujero de mi culo, que a esa hora ardía como mi cuerpo completo. -Quiero comerte entera... Sos tan rica!!! Me encanta tu flujo, hummmmmmmmmmm-. De pronto sentí que un dedo de Clara se me metía en la concha, pero al mismo tiempo otro en el agujerito de mi culo y presionaban en el medio, como queriendo juntar las paredes de ambos lados en el centro, haciéndome dar un respingo de placer, elevando mis caderas hacia sus dedos. Estaba sintiendo como lenguas de fuego que me atravesaban y era conciente de mis gemidos. -Quiero que gimas, quiero saber cuanto estas gozando... Decíme cuanto gozas... Decímelo-, -Seguí, seguí... -, -Decime que querés que te haga... - -Mordeme el clítoris... Pásame la lengua ahiiiiiiiiiii-. La lengua de Clara comenzó a lamerlo primero en círculos, llenándolo de flujo, para después subir y bajar endureciéndolo; Cuando estaba duro y salido, lo tomó entre sus dedos y lo estiró, lo pellizcó para después morderlo delicadamente. -Dame vuelta... Dame vuelta -, le pedí casi desesperada. -Te gusta, verdad? Te encantan estas cosas? Pedime más, rogame... - -Más, no me dejes, dame más, haceme lo que quieras-. Y me dio vuelta, me lamió el culo sin descanso, sentía que estaba llena de mi propio flujo por todos lados, el consultorio estaba inundado de olor a sexo y ella seguía metiéndome un dedo en el agujero caliente del culo mientras que la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi concha. -No doy más... No puedo más... Méteme los dedos en la concha, métemelos -, le pedí ansiosa de poder llegar al orgasmo con sus dedos dentro de mí. -Así?-, me preguntaba mientras metía y sacaba dos dedos de mi concha -Esto es lo que querés?-, -Hummmmmmmmm, si si si siiiiiiiiiiiiii, más, más, másssssssssssssss-. Y sin control, metió y sacó esos dedos gloriosos de mi concha hasta que mis caderas se elevaron sobre su cara, quedé apoyada en mis puntas de pie y estallé en un orgasmo pocas veces sentido. Cuando me repuse de aquella "sesión", Clara me miró fijo a los ojos y me dijo: -La sesión ha terminado, el viernes a la misma hora la espero acá.
El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas. El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda... Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada. La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mi... necesito que me haga suya... dejo escapar un débil gemido... Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mi no me gustan, yo prefiero su tacto... pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta. Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua - yo me estremezco de placer -, para luego cubrírmelos de besos a media que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo... yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto. Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano en guantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. ( A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo... ). Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos... ¡¡Ah, Dios, cuánto anhelo su tacto!! ... me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco. Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda. El quinto pañuelo de seda. Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, NO, por favor... ¡¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos!!! ¡¡NO ME TAPES LOS OJOS!!... pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera. Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella. Ahora siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me están volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pie que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo. Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera!. El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces... yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca. Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mi y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe... Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mi me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con solo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto. Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla... Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mi... y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman... Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me de cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre... y entonces, Morfeo entra por la puerta... y nos acoge a ambas entre sus brazos.
Nunca pensé que contaría lo siguiente pero escribí hace poco un relato sobre mi experiencia y parece que a algunos les ha gustado. Así que he creído que les debía este secreto. Esto me ocurrió hace algunos años. Ahora ya tengo 38 pero nunca se me olvidará lo sucedido aquel día. Era verano y me encontraba con mis amigas en la playa. Éramos muy mojigatas en aquella época y sobre todo yo. Mis amigas ya habían tenido novios, si se les puede llamar así. Lo único que hacían era besarse aunque eso ya era mucho para mí. Ese día, iba a ocurrir algo que me cambiaría la vida (por lo menos sexual). Después de tres baños largos en el mar, esperamos a que se nos secase el bikini. Nos dimos cuenta que no teníamos tiempo para esperar a que se secase puesto que el autobús para el centro no tardaría en llegar. Todas llevábamos poca ropa como sucede en verano. Mi mejor amiga llevaba shorts y una camiseta en la que se veía el ombligo. Yo llevaba un vestido de tiras muy mono que realmente me quedaba bastante bien. En aquella época éramos figurines, cosa que cambia con la edad. Era bastante delgada y estaba muy morenita como a mí me gusta. El vestido era de color naranja y eso hacía que resaltara más el moreno. El bikini no se me había secado lo suficiente así que después de pensárlo mucho, mi amiga me dijo que me lo quitara. No tenía ropa para cambiarme y me daba mucha vergüenza quitarme la malla pero no vi otra solución. El bikini estaba muy mojado y era imposible que no se me mojara la ropa. Me puse el vestido y me quité la parte de arriba. El vestidito era de una tela muy fina y se llegaban a traslucir las tetas. He de decir, que yo fui la primera de mis amigas en desarrollar. Ya tenía bastantes tetas o a mí me lo parecía. Mis amigas estaban bastante planas por eso no entendían a veces mi vergüenza. Todas ellas querían tener más pecho y yo en cambio, todo lo contrario. Hoy en día tengo que decir que estoy muy contenta con mis tetas. Tengo los pezones oscuros y muy pero que muy prominentes. En aquella época, también destacaban y se intuían los pezoncitos a través del vestido. Además tenido frio y al tener el pelo mojado y tan poca ropa, se me erizó la piel y con ello, los pezoncitos se endurecieron. Ya no podía hacer nada pero me daba mucha vergüenza que se marcasen tan descaradamente. Pero esto no fue todo. Notaba frío en el chocho ya que yo enseguida me enfrío. La bombacha de la malla también estaba mojada y me preocupaba tener alguna infección por frío; por experiencia propia. Cuando lo comenté con mis amigas me dijeron que me la quitase. Yo no me lo podía creer. Estaban diciéndome que no llevase nada debajo del vestido. Me excitó un poco la idea. Siempre he pensado que tenía a la mujer que soy ahora escondida. Siempre me ha gustado el sexo pero en aquella época, no lo reconocía. Les dije que no era posible porque llevaba falda y que se me podría ver algo. Ellas me dijeron que no era probable que me viesen nada si me andaba con cuidado. Creo que a ellas también les gustaba la idea y por eso les dije que si ellas lo hacían, yo lo haría. No creí que aceptarían pero lo hicieron. Claro, que no me di cuenta que ellas llevaban shorts, y yo vestido. Ya no podía dar marcha atrás, así que con una mezcla de vergüenza y excitación, me bajé el bikini en la playa mismo. Mis amigas se reían de la situación. Les gustaba porque era algo emocionante. Nos pusimos en marcha camino al autobús. Tardamos diez minutos en llegar. El camino se me hizo eterno puesto que había levantado viento y tenía que andar con mucho cuidado. Mis amigas se reían muchísimo pero yo no me encontraba a gusto. Me estaba arrepintiendo. Me sentía como si fuese desnuda por la calle y parte de razón tenía ya que mis pezones delataban mi frío y habían mojado un poco el vestido. Se marcaba la areola oscura a través del vestidito y estaban completamente parados. Cuando llegamos a la parada del autobús, había una larga cola. Nos acercamos y enseguida me di cuenta a dónde se dirigían las miradas. Tanto los hombres como las mujeres, se giraban para mirarme y yo me moría de la vergüenza. Había miradas de todo tipo. La de los varones eran miradas lascivas en su mayoría. La de las mujeres variaban más; alguna mirada de odio, alguna de envidia (sobre todo de señoras de cierta edad), otras no las entendía. Había algunas señoras que miraban casi tan descaradamente como los hombres. Hubo una señora que nunca olvidaré; me miró de arriba abajo como si me fuese a comer. Me estremecí ya que no estaba acostumbrada a que una mujer me mirase de esa manera. Al estremecerme, mis pezones estuvieron a punto de reventar el vestido y eso que no lo llevaba demasiado apretado. De nuevo se levantó el viento y casi monto el espectáculo en la cola del autobús. Digo casi, porque no llegó a verse mucho pero algo se vió. Miré al suelo esperando que nadie hubiese visto nada pero eso no fue así. Un hombre de unos 35 años, se me acercó disimuladamente y me dijo que tenía un chocho maravilloso. Tenía muy poco pelo en la conchita y mis labios menores sobresalen a los labios mayores. Además tengo un lunar en el labio menor. Sé que no es común pero precisamente, eso es lo que le gustaba a mi novio. Bueno, a lo que iba. El señor no se movió de mi lado y me iba diciendo cosas al oído. Me dijo que le gustaban mis tetas y sobre todo, mis pezoncitos. Ya he dicho antes que para entonces, mis pezones estaban duros como piedras a causa del frío. Continuó susurrándome al oído, diciéndome que era muy excitante ver a una niña tan joven como yo que no llevaba ropa interior. Yo estaba callada e intenté cambiarme de sitio pero con tanta gente era imposible. Si me adelantaba me decían que no me colase y si retrocedía, mis amigas me lo impedían porque no querían perder el sitio. El hombre continuaba diciéndome cosas al oído y todas subiditas de tono, tenía cerca de 40 años. Dentro de mí pensaba que era un viejo verde pero también sabía que me lo tenía merecido por hacer caso a mis amigas. El viento seguía aumentando y yo hacía esfuerzos sobrehumanos para que no se me levantara el vestido. La mujer continuaba mirándome y cada vez era una mirada más descarada. Ya no sabía que hacer, excepto sujetarme la falda. Por fin llegó mi salvación, el autobús. Con tanta gente ya no me tenía que preocupar de sujetarme la falda porque era imposible que se me levantara.Subí rápidamente al interior y sin darme cuenta, me empujaron hacia atrás. Mis amigas se encontraban a un par de metros. Las veía pero el gentío impedía acercarme. Cuando me di cuenta de quien estaba detrás de mí, ya fue tarde. De repente, sentí una mano debajo de mi falda. Venía de atrás y ni siquiera me podía girar a mirar porque con tanta gente era imposible moverse. Intenté apartar la mano pero de nuevo, resultó imposible. Pensé en chillar pero sentía mucha vergüenza por no llevar ropa interior y además no quería que nadie se enterase y menos mis amigas. Intenté moverme, pero nada. Me encontraba muy nerviosa ya que nadie excepto yo, me había tocado el chocho. Fue una sensación muy rara. El autobús giraba de un lado a otro y tuve que sujetarme al pasamanos para no caerme. Estaba atrapada con las manos sujetas pegada a la persona que me estaba tocando. Estaba convencida de que se trataba del viejo verde. No era tan viejo y ni siquiera era feo pero en aquel entonces le veía muy mayor. El autobús frenó y caí de espaldas al pervertido notando toda su dureza. Eso me preocupó puesto que no había tocado nunca una pija. Mis pezones estaban duritos y la mano seguía acariciando los muslos. Supongo que al no encontrar una oposición por mi parte, el hombre se relajó y continuó adelante. La mano llegó al destino. Me estaba tocando la conchita. Sentí unas cosquillas en el estómago mientras miraba alrededor pensando en qué hacer. No había mucho que hacer porque en cada parada entraba más y más gente y parecía que nadie bajaba del autobús. Se notaba que el pervertido estaba disfrutando pues se pegaba a mí para que notara su excitación. Parecía que la tenía grande y lo que sí era seguro era que la tenía dura, muy dura. La mano era bastante hábil aunque en aquella época no sabía mucho sobre sexo. El miedo iba perdiendo fuerza mientras aumentaba mi excitación. Mi cabeza ya no pensaba, no se ni qué fue lo que me pasó. El hombre de la mano se dio cuenta que me iba relajando y aumentó la intensidad del movimiento. De repente, noté cómo me introducía un dedo. El autobús seguía su curso y me resultaba increíble que nadie se diese cuenta. La experiencia más fuerte de mi vida y nadie era consciente. El dedo se introdujo con facilidad ya que sin quererlo, estaba muy mojada. Él se dio cuenta y probó con un segundo dedo. Este último se notó con más intensidad pero no tardó en ceder. La situación era muy complicada. Mis amigas me miraron alarmadas ya que debieron darse cuenta por mi rostro que algo raro pasaba, así que les sonreí para no delatarme. En ese mismo instante me di cuenta que otra persona me observaba. Cuando dirigí mi mirada hacia la persona, me quedé anonadada. La mujer de la cola se estaba dando cuenta de lo que pasaba y estaba disfrutando. Por dios que tengo 16 años!!! Parece que eso no importaba. Miento, importaba porque creo que les excitaba mucho más. La mujer sonreía mientras depositaba en mí una mirada de lo más lasciva. Le gustaban mis pezones o por lo menos, hacia ahí se dirigía su mirada. Estaba muy cerca de mí pero había una señora entre medio. De repente el autobús frenó y volví a caer hacia atrás notando aún más la excitación del tipo. La señora que me separaba de la mujer rubia de mirada impetuosa, se bajó en la parada y con la entrada de nuevos pasajeros, la mujer quedó en frente, completamente pegada a mí. Me sonrió como si supiese que me tenía al alcance y así era. Comenzó a subirme el vestido por la parte delantera aprovechando el gentío que había en el autobús. Estaba pegada a ella y nadie excepto mis nuevos amigos podían ver mi cuerpo desnudo. La mujer continuaba subiéndome el vestido mientras los dedos continuaban haciendo su trabajo. Me tenían a su alcance y nadie podía evitarlo. La mujer me tocó las tetas y la concha por debajo del vestido y el señor aceleraba cada vez más el ritmo. Yo ya estaba muy caliente y cuando la mujer me tocó el clítoris, gemí sin poder remediarlo. Gracias a dios, nadie se dio cuenta porque intenté ahogarlo pero ya no podía evitar disfrutar. Estaba alucinando ya que los orgasmos que me proporcionaba yo, no eran tan intensos. Además era mi primera experiencia sexual. La mujer continuaba tocándome las tetas pero no contenta con eso, me hizo moverme un poco para que me encontrase entre la pared y ella, y poder evitar la mirada de los demás pasajeros. Hubo un empujón y ella aprovechó para agacharse y chuparme el pezoncito. Bajó hasta mi conchita y chupó con mucho mimo toda la zona. Debía estar saladito puesto que no me duché después de salir del mar. Estábamos llegando a nuestra parada y no sabía qué hacer. La mujer subió hasta los pezones sin dejar de tocarme el chocho con la mano. Me lamía el pezón mientras me rozaba el clítoris con la mano derecha y el hombre me introducía los dos dedos. Nadie se daba cuenta o eso hacían ver. Las piernas no me sujetaban por lo que estaba colgada literalmente del pasamanos. Los dos disfrutaban de mi cuerpo como si no me perteneciese, y así era. Estaba fuera de mí. Ahora sólo me importaba terminar e intentar que nadie notara lo que quedaba por venir. Me recorrieron unos escalofríos. La mujer volvió a incorporarse y comenzó a tocarme el pezón sin dejar de mirarme a los ojos. La tenía a un palmo de mí. Ella gozaba con mi respiración y sin duda, estaba absolutamente excitada. El hombre comenzó a acelerar y su respiración también aumentó por lo que supuse que se estaba pajeando. También la mujer lo hacía pero más suavemente como si su intención no fuese acabar en ese momento, simplemente quería disfrutar un poco. Mis piernas flojeaban cada vez más y justo cuando llegó el autobús a una nueva parada, exploté. Ya no podía soportarlo más. Mi concha estaba ardiendo y acaba. Fue realmente impresionante. Mi cuerpo sufrió unos espasmos muy intensos y durante un instante que se hizo eterno, traté de ahogar mis gemidos. Agaché la cara porque la tenía colorada pero la mujer la sujetó con la mano. Me imagino que le excitaba ver mi cara al acabar. El hombre también acabo y por lo que sentí, la mayoría cayó sobre mi trasero redondito. Sentí que el culo se me mojaba, y también mi concha. La mujer se apartó un poco y el vestido cayó tapando mi cuerpo. Las piernas no me sujetaban. Yo estaba alucinando por todo lo que había vivido pero parecía que para el resto, no había pasado nada. Ni siquiera mis nuevos amigos delataban nada de lo sucedido. Actuaban como si nada hubiera ocurrido. En la siguiente parada se bajaron los dos. Antes de irse, el hombre me tocó el culo mojado por debajo del vestido y la mujer me guiñó el ojo mientras me sonreía lujuriosamente. Yo no entendía lo que había sucedido. Sólo sabía que no lo podía contar nunca. Aunque ya ven, al final se los he contado. Mis amigas me llamaron para bajar del autobús. Me incorporé como pude y concluí aquel increíble viaje. Mis amigas hablaban de lo aburrido que había sido el trayecto y yo, simplemente me mantuve en silencio. No hubiera sabido qué decirles. Aburrido no fue, eso desde luego queda claro. El orgasmo fue impresionante. No tenía ninguna experiencia sexual y de pronto, había estado con un hombre y una mujer a la vez. Yo no lo elegí pero supongo que las circunstancias llevaron a ello. Nunca me sentí como aquel día. Fue una mezcla de vergüenza y excitación. Volví a casa agotada, con temblor en las piernas y en estado de shock. Esto cambió mi vida sexual.
Bien todo empezo un dia final de escuela, como siempre nos habiamos ido a tomar toda la bolita, entre ellos mi mejor amiga. Ya cuando se habia oscurecido y algunos andabamos medio ebrios decidimos irnos a nuestras casas. Yo invite a mi mejor amiga a pasar la noche conmigo como ya habiamos hecho muchas veces anteriores, pero esta vez seria diferente sin imaginarnoslo... Ya estando en mi habitacion empezamos a platicar de "cosas de mujeres" y a preguntarnos como teniamos los pezones. Yo soy blanca y rubia y mi amiga era morena clara cabello obscuro y le pregunte si ella tambien tenia como burbujitas en sus pezones a lo que ella respondio que no sabia al mismo tiempo que sacaba de su camiseta su seno. Un seno grande, redondo mas grande que el mio y su pezon de color cafe claro un poco dorado y colocandolo frente a mi cara, a lo cual yo quede sorpendida y un poco espasmada. Lo contemplé por un instante y mi mano de repente lo tomo y empeze a acariciar su seno desnudo y poco como por fuerza de un iman mis labios se fueron acercando hacia su pezon y lo rozaron inmediatamente. Se le paro a lo que yo inicie por besarlo suave y delicadamente mientras mi otra mano acariciaba el otro. Lo succioné y la recosté en mi cama. Entonces empeze a alternar entre uno y otro con movimientos suaves y circulares en sus pezones, a los lados y por debajo tal y como a mi me gustaba. Mi amiga empezo a dar pequeños gemidos lo cual me excitaba más. Sentía que sabia exactamente lo que ella queria, continue acariciandola y besandoles sus senos a la par que ella acariciaba mi cabello. Mis manos recorrian todo su cuerpo. Lentamente puse mis manos sobre sus caderas y las deslize hasta su panty podia sentir sus nalgas y comenze a deslizar su panty hacia abajo a lo que ella empezo a acariciar mis senos. Yo me sentia muy caliente. Le quite su ropa totalmente, quedo desnuda ante mi y yo la contemplaba entre no poder comprender lo que pasaba y mi grado de excitacion seguí adelante. Le besé su estomago, su ombligo y ella se retorcia de placer y me apretaba hacia su cuerpo como pidiendo mas, yo estaba completamente humeda. Deslize mi lengua por su estomago, su ombligo y llegue a su ingle y ella gemia y se retorcia. Yo tenia un poco de miedo no sabia que me iba a encontrar alla abajo, cual fue mi sorpresa que estaba rasurada, se sentia tersa y suave. Bajé a su pubis mientras con mi mano no dejaba de acariciarla en todo el cuerpo, mi lengua llego a su clitoris humedecido y empeze a besarla y darle unos lambetones y ella se estremecia. Yo sabia exactamente que queria que bajara un poco mas hasta llegar a la boca de su vagina y le pase la lengua entera. Se sentia tan caliente, resbaloso y mojado que la bese apasionadamente allá abajo. Introduje mi lengua lo mas profundo y ella gemia y sujetaba mi cabeza yo succionaba mientras apretaba sus nalgas y sentia como un liquido me llenaba la boca. Introduje un dedo en su vagina dilatada mientras mi pulgar acariciaba su clitoris. Me sentía que iba a estallar, nunca habia sentido tanto placer y ella se movia cada vez mas fuerte, cada vez mas rapido. Regresé mis labios a sus senos y esta vez de una manera mas agresiva. Los mordisqueaba y jalaba sus pezones mientras mi dedo entraba y salia de su vagina ella solo gemia y yo veia su rostro lleno de placer. De repente ella se voltió y me colocó a mi debajo. Empezó a besarme y coloco su pubis en mi rostro era el tipico 69 ella se movia en mi rostro, en mi lengua, en mis dedos al ritmo que ella hacia lo mismo conmigo. Estabamos hirviendo, ella metia y sacaba su larga lengua de mi vagina constantemente. De repente ya no pude mas y empeze a gemir como nunca mientras sentia que dentro de mi algo iba a explotar y deje de respirar mientras sentia una gran satisfaccion. A los pocos segundos senti un chorro caliente sobre mi cara lo cual hizo que yo alcanzara el orgasmo en su maxima plenitud y las dos concluimos con un largo y profundo gemido de placer. Al terminar ella se recosto al lado mio y murmuro al oido que jamas habia sentido algo asi, jamás. Despues de ese dia, seguimos nuestras vidas normales sin decirnos nada, pero curiosamente eran mas las ocasiones en que dormiamos juntas, aun cuando ella se puso de novia, tal vez lo siguiente sea invitar al novio.
Me llamo Clara y tengo 40 años. Me casé hace dos años con Jorge que tiene 59. Jorge había estado casado antes, pero yo no, y ninguno de los dos hemos tenido hijos, ni antes ni ahora. Aunque la diferencia de edad es importante, nos llevamos muy bien y el sexo es bueno, no diría el mejor que tuve en mi vida pero bastante bueno. Siempre fui muy activa sexualmente. Desde los 17 años salí con hombres que en la cama eran unos dioses del amor pero para otras cosas no servían para nada y otros que eran muy buenas personas pero que en la cama no funcionaban bien. Jorge es un buen término medio y por eso me casé con el, además de que lo amo y nunca lo engañé... bueno... hasta ahora. Hace poco nos vino a visitar una sobrina de Jorge que se llama Micaela y que tiene 29 años. Durante la visita de Micaela, Jorge tuvo que irse a otro país por unos días por trabajo, así que en casa nos quedamos las dos. Como vivimos en una ciudad grande y Micaela viene de una ciudad más pequeña, me pedía insistentemente que saliéramos una noche a bailar que ella quería conocer gente. Tanto insistió que finalmente una noche salimos a comer afuera y después fuimos a una discoteca conocida. Yo ya la conocía de mis tiempos de soltera. Quiero contarles que soy una fanática de estar bien físicamente y podría mentir mi edad y decir que tengo 30 que cualquiera me lo creería, así que Micaela y yo parecíamos dos amigas que habían salido para pasar un buen rato. La verdad es que no faltaron hombres que se nos acercaran para bailar y conversar. Creo que me buscaban más a mí que a Micaela, aunque ella es muy linda y no le faltaban candidatos. Salimos a bailar con algunos, pero nada especial, hasta que Micaela salió a bailar con uno muy lindo, con un gran cuerpo. En pocos minutos estaban los dos bailando muy apretados y dándose besos y se veían las manos de ambos pasando por todo el cuerpo del otro. Después de un rato me acerqué y separándola a Micaela le dije que yo me iba a ir pero que "entendía" si ella se quería quedar. Me dijo que no, que ya había intercambiado los números de teléfono con Juan Carlos (ese era el nombre de él) porque él no podía salir esa noche. Volvimos a casa medio borrachitas por los tragos que habíamos tomado en la discoteca y cuando entramos a casa Micaela me pidió que abriera una botella de whisky porque ella no quería irse a dormir. Le pregunté si se sentía bien y me contestó: "lo que pasa es que Juan Carlos me dejó muy caliente...". Yo me reí y le dije que lo único que le quedaba era masturbarse. Micaela se rió también pero ahí fue donde me sorprendió. Me dijo "tenés razón...". Yo pensé que se masturbaría después en su cama, pero Micaela se sacó el vestido que tenía, quedando en tanga y soutien y comenzó a acariciarse la concha. En ese momento yo estaba con la botella de whisky en la mano y casi se me cae de ver lo que estaba sucediendo. Lo increíble fue que Micaela me dice: "¿me vas a servir ese whisky, o solo te gusta mirar?". No sé lo que balbuceé en ese momento, pero serví las dos copas y me senté frente a ella tomando mi trago. En ese momento Micaela me mira y me dice: "no te enojes, pero no puedo acabar. ¿me ayudas?". Yo estaba borracha pero no tan borracha, así que le dije que me iba a dormir y que nos veríamos al día siguiente. Inmediatamente me fui a mi dormitorio y me empecé a desvestir para después acostarme. Fue ahí que me di cuenta que toda la situación me había excitado muchísimo porque estaba totalmente mojada y nerviosa. Estaba con la tanga solamente cuando siento que Micaela abre la puerta y me dice: "Disculpa Clara, no pensé que te ibas a enojar." Le contesté que no había ningún problema y que yo no estaba enojada. Entonces Micaela se acercó a mí y me dijo: "Gracias" mientras me daba un abrazo. En ese momento sentí como un escalofrío en todo el cuerpo. Micaela seguía en tanga y soutien y yo solamente con la tanga. Cuando acercó su cuerpo yo ya estaba tan caliente que no me sorprendió lo que pasó a continuación. No sé por qué pero le dije: "Micaela, sos hermosa". Ella lo tomó como una invitación porque tomó mi cara con las dos manos y me estampó un beso apasionado en la boca. Una sola vez en mi vida había estado con otra mujer en una situación similar, aunque esa otra vez fue distinta; fue una vez que con una amiga hicimos un trío con el novio de ella, pero el contacto de mujer a mujer había sido mínimo. Ahora estaba besándome con otra mujer que además era la sobrina de mi esposo. Poco a poco nos dejamos caer en la cama y nos desnudamos las dos. Micaela se dio cuenta que yo estaba un poco nerviosa y me dijo: "esta es tu noche, te voy a sacar mil orgasmos" y me pidió que me acostara boca arriba. Me besó toda la cara, las orejas, el cuello, las tetas y todo el cuerpo. Cuando llegó a mi concha yo ya había tenido dos orgasmos y cuando puso sus labios sobre mi clítoris entendí lo que había escuchado muchas veces: nadie como otra mujer para tener sexo oral... A partir de ahí con Micaela nos hicimos muy amigas y viene seguido a visitarnos. Varias veces repetimos nuestra experiencia lesbiana. Mi marido no tiene la menor idea que su sobrina y yo somos amantes de vez en cuando.
Me mude a un apartamento pequeño porque me quedaba más cerca de la universidad. Pasada las 9 de la noche tocaron a mi puerta y por la ventana vi que se trabaja de una chica. Entre-abri la puerta y apareciò una mujer sencilla, de aproximadamente 35 años. Bajita y algo gordita. Me dió la bienvenida al barrio por lo que yo respondì su cortesía con un pase adelante. Hablamos de todo un poco mientras yo preparaba cafè. En un canal de t.v. estaban dando una pelìcula xxx por lo que yo me disculpè. Ella me dijo que la dejara porque ella nunca habìa visto nada. Así fuè, la dejè y eso me exitó mucho. La mujer me pidiò permiso para entrar al baño a lo que yo le dije entre bromas: si te vas a masturbar puedes hacerlo en la sala y sonreì. Ella me volviò a ver y sonrio tambièn a la vez que tocaba sus pechos y abria sus piernas. Me inmutè y no sabìa que hacer pero me exitó tanto que yo le dije que tambièn lo harìa. Asì que las dos nos masturbamos frente la pelìcula. Estabamos tan exitadas que yo me acerquè y toquè sus pechos, lamiento sus pezones. Sus pechos eran grandes y frondosos. Ella gemía sin control y yo acomodè sus piernas y abrí con mis dos manos su jugoza vagina. Lamí despacio y en circular su clítoris que estaba caliente y humedo. Luego pasè mi lengua por toda su vagina subsionando sus labios vaginales. Vì sus jugos mientras penetraba mi lengua en su vagina y prendida en su clítoris. Se levantó y me acostó a mi en una mesa y me diò una generosa lamida. Sentí su lengua en mi vagina mientras yo me tocaba mis pezones y los pellizcaba. Pegamos nuestros clítoris y pezones movièndonos muy dulcemente. Aún vivo en el barrio y nos damos al menos una vez a la semana una calurosa bienvenida.
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